Por Paulina Torres, Voluntaria ONG.

La Salud mental y un diagnóstico de cáncer es una asociación que en estos días nadie puede negar. Tanto para la persona que es diagnosticada como para las que se relacionan de manera directa o indirecta con esta enfermedad: familiares, amigos, tratantes, investigadores u observadores, entre otros, el cáncer se convierte en parte principal de la vida. Son muchas las causas que se han asociado a un diagnóstico de cáncer. Factores externos e internos, predisposición, alimentación, emociones, actividades, estrés, etc, sin lograr aún identificar algo que permita explicarlo del todo. Sin embargo, lo que sí sabemos es que el estrés puede aumentar el riesgo de desarrollar un cáncer o afectar fuertemente la supervivencia de personas que ya lo padecen.

Si bien son enormes los esfuerzos que se realizan día a día para encontrar respuestas a tantas preguntas, elementos que nos permitan prevenir, métodos que nos ayuden a intervenir y constantes que nos permitan anticipar, es necesario saber que no existe solo una forma de reaccionar ante esta enfermedad. Emocionalmente el cáncer es devastador. La infinita y, muchas veces, contradictoria información se transforma en una abrumante sensación de incertidumbre, ¿qué es cierto? ¿qué no lo es?

Las emociones cumplen en nuestras vidas una función adaptativa que nos permite responder a los estímulos del medio en el que nos desenvolvemos. Cuando nos enfrentamos a un diagnóstico de cáncer la respuesta emocional se relaciona directamente con la evaluación y el significado que la persona afectada haga de esta situación. En términos de frecuencia, muchas veces nos encontraremos con reacciones inmediatas hacia el diagnóstico que tendrán que ver con la negación, el abandono y la evitación. Las personas intentan resistirse a esta realidad e intentan mantener, muchas veces de forma poco realista, su equilibrio anterior a recibir la noticia, son intentos por sostener la vida, intentos por no perder.

Nuestra labor como profesionales de salud mental, la mayoría de las veces, se traduce en acompañar a las personas hacia una aceptación de la enfermedad y a un manejo diferente de las emociones negativas que se asocian. Es muy importante fomentar el autocuidado, la adherencia al tratamiento, la conciencia de retomar el control de sus propias vidas, buscando si es necesario un nuevo sentido, pudiendo generar una narrativa personal acerca de lo que le ha tocado vivir.

Como sociedad hemos construido una imagen de lo que esperamos que sea una persona con un diagnóstico de cáncer. Las llamamos luchadoras, valientes, energéticas, capaces. No digo que no lo sean, pero cuántas veces imponemos estos títulos ante la imposibilidad de contener nuestra propia angustia como observadores, exponiendo un significado externo por sobre el significado real atribuido por la misma persona afectada. Lo que digo es que la necesidad de identificarse con la enfermedad depende de la persona que lo esté viviendo, no de quien acompaña estos procesos. De esta forma, es fundamental reconocer la diferencias personales que hacen que el cáncer sea vivido como una lucha o como un padecimiento. Hoy existen “recetas de cocina” o “fórmulas acabadas” para abordar el cáncer. Sin embargo, hoy necesitamos más que nunca, dar espacios para que el significado propio, y lo que ocurre dentro de cada uno de nosotros, sea el lugar desde donde se aborde el diagnóstico.

Este mes de octubre, mes del cáncer de mama, nos deja esta reflexión. Nuestra invitación es a volvernos una comunidad que permita la construcción de una narrativa única e individual de cada persona que padece este diagnóstico. Que aprendamos a hablar del tema sin temores y sin restricciones, que nos permitamos conocer mas del tema y nos orientemos a la acogida completa de aquella persona que sufre esta enfermedad. Aprendamos a contener, a acompañar, a guardar silencio, a respetar el significado del otro, a orientar hacia la aceptación. A preguntar ¿cómo estas? Y a escuchar. A invitar a sentir y sentir también, sin censuras, sin exigencias. A confiar en los procesos, en las necesidades del cuerpo, en lo que los ojos dicen y lo que un abrazo puede hacer.

Paulina Torres

Voluntaria ONG.

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